“La cruel mordaza de tu silencio
hace juego con la amargura que siento,
al no recibir de tus labios la caricia amable
que en algún tiempo se otorgaba a esta…
mi cuerpo se estremece
cada vez que la imaginación vuela
y me remonta a aquellas tardes,
donde las horas pasaban,
y los dos impávidos
veíamos como se acercaba el momento
en que el aliento frío como la hiel del enemigo
nos encontraba, nos asechaba, nos miraba,
hasta que el momento preciso llegaba,
lanzar su arma mortal era su deleite…
el silencio
Tan abrumador como necesario,
necesario para percibir lo inevitable…
la muerte,
y como dos aves sumidas en su ultimo vuelo
hacíamos lo indecible para revivir.
Era ella más poderosa,
el último beso, la última caricia llego para despedir el último vuelo de los corazones, que como dos aves se alzan heroicas asumiendo la derrota.
He aprendido…
A no mendigar
por una caricia.”

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