lunes, 29 de septiembre de 2008

y fue

“La cruel mordaza de tu silencio

hace juego con la amargura que siento,

al no recibir de tus labios la caricia amable

que en algún tiempo se otorgaba a esta…

mi cuerpo se estremece

cada vez que la imaginación vuela

y me remonta a aquellas tardes,

donde las horas pasaban,

y los dos impávidos

veíamos como se acercaba el momento

en que el aliento frío como la hiel del enemigo

nos encontraba, nos asechaba, nos miraba,

hasta que el momento preciso llegaba,

lanzar su arma mortal era su deleite…

el silencio

Tan abrumador como necesario,

necesario para percibir lo inevitable…

la muerte,

y como dos aves sumidas en su ultimo vuelo

hacíamos lo indecible para revivir.

Era ella más poderosa,

el último beso, la última caricia llego para despedir el último vuelo de los corazones, que como dos aves se alzan heroicas asumiendo la derrota.

He aprendido…
A no mendigar
por una caricia.”

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